En primera persona

«Vayamos allí donde nos necesiten»

El salesiano español Carlos Berro llegó a Uruguay tras casi 30 años de misión en África
Elisa Juambeltz
Redacción BS
Gonzalo Martínez
Redacción BS

La noticia llegó mucho antes de lo que imaginaba. Después de un tiempo de discernimiento, el salesiano Carlos Berro había planteado a sus superiores la posibilidad de cerrar su etapa misionera en África tras casi tres décadas. En su corazón estaba el deseo de seguir sirviendo, pero en otro lugar.

Pensó que el proceso llevaría meses, incluso años, pero apenas unos días después recibió una propuesta inesperada: su próximo destino sería Uruguay. “Me pareció fenomenal”, dice. 

En cuestión de días comenzó a organizar su traslado hacia un continente que nunca había visitado. A mediados de octubre cruzó la puerta de arribos del Aeropuerto de Carrasco y enseguida se instaló en la comunidad religiosa de Villa Colón.

Mira esta nueva etapa con curiosidad y entusiasmo. Después de una vida dedicada a la misión en África, su propósito es sencillo: conocer a las personas, compartir lo aprendido y continuar sirviendo allí donde la vida salesiana lo necesite.

TODO COMENZÓ EN UN PATIO

Carlos nació en Navarra, España, cerca de la tierra de San Francisco Javier, una referencia espiritual que lo acompañó desde que era chico. A los siete años ya sentía que sería misionero.

Su vínculo con los salesianos comenzó cuando siguió los pasos de su hermano e ingresó al colegio del barrio en el que vivía. En ese lugar encontró algo que terminaría marcando su vida: el patio, la cercanía de los educadores y un clima de alegría, cariño y familiaridad. Ese ambiente lo hizo pensar: “me lo estoy pasando tan bien… quiero estar aquí toda la vida”.

Su itinerario vocacional no surgió de una experiencia extraordinaria, sino del deseo de permanecer en un lugar donde se sentía profundamente amado. “Quería que fuera mi casa para siempre”, asegura. 

A su vez, su ordenación como sacerdote coincidió con los primeros años del Proyecto África, una iniciativa con la que la congregación se propuso ampliar su presencia en ese continente. Durante muchos veranos viajó para sustituir temporalmente a otros salesianos, gracias a su dominio del francés, hasta que llegó la invitación a quedarse definitivamente. Aceptó en 1997 y allí comenzó una etapa que se prolongaría hasta su llegada a Uruguay.

El ambiente salesiano lo hizo pensar: “Me lo estoy pasando tan bien… quiero estar aquí toda la vida”.

“Lo importante no es dónde, sino servir donde te toca. Y a veces eso es un poco el azar, otros le llamamos la Providencia”, reflexiona.

ÁFRICA, UNA ESCUELA PARA APRENDER A VIVIR

Su recorrido abarcó siete países y realidades muy diferentes en el continente africano. Berro insiste en que hablar de África como si fuera una unidad es un error: las lenguas, las tradiciones y las formas de vivir cambian profundamente entre regiones.

Sin embargo, reconoce experiencias que dejaron una huella imborrable. “África para mí fue una revolución. Me cambió muchas cosas, la manera de ver la vida en general”, afirma.

Una de las mayores enseñanzas fue descubrir otra relación con la vida y la muerte. Frente a una cultura occidental que, según su mirada, intenta apartar el sufrimiento y la finitud de la vida cotidiana, encontró comunidades que entienden la muerte como parte de la vida. También lo marcaron la hospitalidad, el cariño a los extranjeros y la capacidad de seguir adelante.

En Costa de Marfil vivió de cerca las consecuencias de la guerra, en medio de asesinatos y graves formas de violencia. Durante el conflicto de 2011, la misión salesiana de Duékoué llegó a convertirse en refugio para unas 30.000 personas desplazadas. Allí conoció el sufrimiento, pero también la fortaleza de quienes, después de atravesar experiencias estremecedoras, encontraban motivos para seguir adelante. “La vida es más grande que nuestras pequeñas limitaciones y anécdotas”, resume.

Otra de las enseñanzas que destaca es el sentido comunitario. Recuerda sociedades donde los recursos no se conciben únicamente como patrimonio individual, sino como una responsabilidad hacia los demás. “Rico no es el que tiene, sino el que da”, señala. 

Pero quizás el mayor aprendizaje fue comprender de otra manera su propia misión. “Al principio pensaba que estaba ahí para ayudar. Luego me di cuenta de que la misión tiene que ver con vivir la vida con ellos”, explica. Se trata de compartir lo que uno es y lo que uno tiene para dar, de aprender de los demás y formar parte de una comunidad. “Tenemos dones y los ponemos al servicio de la gente”.

La decisión de despedirse de esa tierra amada también nació de esa mirada. Cuando comenzó a participar en el Proyecto África, la gran mayoría de las comunidades no contaban con salesianos propios. Décadas después, vio a jóvenes salesianos africanos asumir responsabilidades como inspectores, directores y párrocos. Aquello que había ayudado a construir estaba ahora en manos de sus propios protagonistas. “Lo que yo soñaba era una África salesiana”, explica. 

“Al principio pensaba que estaba ahí para ayudar. Luego me di cuenta de que la misión tiene que ver con vivir la vida con ellos”

Y recuerda el pensamiento que terminó de convencerlo de que había llegado el momento de partir: “Dejemos el terreno a los africanos y vayamos allí donde nos necesiten”. Uruguay apareció allí en el horizonte.

URUGUAY, UN SEGUNDO NACIMIENTO

El P. Carlos sabía muy poco sobre nuestro país. Desde antes de su llegada comenzó a interesarse por su historia y por el encuentro de culturas que reconoce en América, un continente que siempre le ha resultado “fascinante”. 

¿Qué espera de esta nueva etapa? No habla de proyectos grandiosos ni de resultados que quiera alcanzar. “Esto para mí es una especie de segundo nacimiento. Me tomo esta experiencia como un empezar desde cero”, dice. Su deseo es sencillo: “Donde me pongan, trabajar y dar lo mejor de mí”. 

Con confianza en la misericordia de Dios, el P. Carlos comienza una nueva misión en Uruguay. Cambian el continente, los paisajes y las personas, pero permanece intacta aquella vocación que nació muchos años atrás, en el patio de un colegio salesiano, y que todavía hoy lo invita a seguir compartiendo su vida con los demás.

Compartir nota:
Buscador

Buscá en el Boletín.

Encontrá notas por tema, edición, categoría o palabra clave.

NOTAS RELACIONADAS

Sobremesa

La cruz

"Signos de la memoria", relatos tras los objetos del Museo del Colegio Pío
HACIENDO FOCO

No con golpes

La mansedumbre en la sociedad de la crispación
Sobremesa

¿Se puede perdonar todo?

Perdonar para ser libre, ser libre para perdonar
En primera persona

Felices ustedes

Las Hijas de María Auxiliadora ante un nuevo Capítulo Provincial