En primera persona

Felices ustedes

Las Hijas de María Auxiliadora ante un nuevo Capítulo Provincial

Como Hijas de María Auxiliadora nos estamos preparando para el Capítulo General XXV (CG XXV), un acontecimiento de gracia en la vida y en la historia del Instituto. Pero esta experiencia no nace desde arriba ni de manera repentina: el proceso de preparación comienza en cada comunidad y continúa en los Capítulos de cada inspectoría.

Por eso, el Capítulo Provincial que nuestras hermanas de Uruguay están celebrando es una instancia privilegiada para que cada Hija de María Auxiliadora pueda expresar su reflexión y sus ideas para enriquecer con su experiencia el rumbo de nuestra misión.

Conscientes de que el Instituto no vive fuera de la historia, sino dentro de ella, en este mundo y en el presente, nos preguntamos: ¿cómo responder al proyecto de Dios para la salvación de los jóvenes y las jóvenes que nos son confiados en esta realidad contemporánea?

El lema del CG XXV comienza con las palabras «Felices ustedes…», que remiten a las Bienaventuranzas, y continúa: «Con la fuerza profética del carisma, misioneras de comunión junto a los jóvenes». El objetivo que nos hemos planteado, por tanto, es reavivar la pasión misionera que caracteriza nuestra identidad salesiana, algo que nuestras Constituciones recogen desde el primer día.

La dimensión misionera es un impulso que se transforma en pasión educativa y en búsqueda de una renovación vital constante. Desde la perspectiva carismática, es una dimensión natural de la vida. Si no experimentamos en cada una de nuestras acciones el intenso deseo de anunciar a Jesús, necesitamos, como nos recordaba el papa Francisco, «detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos».

Reconocemos con gratitud que, en los orígenes de nuestro Instituto, las primeras misioneras que llegaron a Uruguay en 1877 experimentaron progresivamente la fecundidad del Evangelio y del Sistema Preventivo. Eran mujeres jóvenes, animadas por un gran fervor misionero y dispuestas a afrontar cualquier esfuerzo y dificultad para anunciar a Jesús en lugares desconocidos para ellas.

Impulsadas por profundas motivaciones, supieron comprender, con inteligencia espiritual y un corazón generoso, la realidad cultural y las necesidades de las personas con las que se encontraban. Ofrecieron su aporte con sencillez y no sin sacrificios, como respuesta evangélica a los desafíos que iban surgiendo.

Hoy nos sentimos llamadas a una nueva «salida misionera». Cada comunidad está invitada a discernir cuál es el camino misionero que el Señor abre ante ella. Al mismo tiempo, estamos llamadas a recorrerlo con disponibilidad y generosidad, para dejar las propias comodidades y llegar a las periferias donde todavía no brilla la luz del Evangelio.

En una cultura que tiende a la descristianización y a convertir en neutra toda intervención, incluso la educativa; en una sociedad que parece acallar su propia conciencia al considerar que todo es igual y que todo es posible del mismo modo, el sueño de Don Bosco y de Madre Mazzarello resuena con más fuerza que nunca en nuestro corazón.

Cada comunidad está invitada a discernir cuál es el camino misionero que el Señor abre ante ella.

Las expectativas de las Hijas de María Auxiliadora de todo el mundo y de Uruguay respecto al CG XXV son poder reavivar el fuego misionero que Don Bosco y Madre Mazzarello nos han legado, para responder a las numerosas necesidades de los jóvenes de hoy, llevando en el corazón la fuerza del «Dame almas y llévate lo demás».

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