Sobremesa

La cruz

"Signos de la memoria", relatos tras los objetos del Museo del Colegio Pío

La recibí de manos de Don Bosco en el santuario de María Auxiliadora, en Turín, una tarde de noviembre de 1876. Era grande y pesada, más de lo que uno espera de algo que se lleva sobre el pecho. Yo soy hermano coadjutor y mi vocación siempre había pasado por las manos, por el taller y por el trabajo bien hecho; esa tarde intuí que también la cruz se iba a llevar así, trabajando.

Nunca supe si Don Bosco había calculado el tamaño y el peso de esa cruz que nos entregó. Me gusta pensar que sí.

El viaje fue largo. En Burdeos perdimos el barco y tuvimos que esperar el siguiente; después vino una tormenta que nos dejó a todos en cama y la Navidad nos encontró en altamar, rezando en el salón de segunda clase. La cruz viajó conmigo todo el tiempo como una compañía silenciosa: la apretaba con la mano, la miraba al acostarme, la besaba al volver a ponérmela cada mañana.

En Montevideo nos esperaba el obispo Jacinto Vera, con los brazos abiertos y esa picardía criolla que enseguida nos ganó el corazón. Me miró de arriba abajo, se detuvo en la cruz y me dijo, riéndose, que con semejante pectoral yo parecía más obispo que él.

En el Colegio Pío los días se llenaron de trabajo: arreglar lo que se rompía, enseñar un oficio, acompañar a los gurises en el patio. La cruz, sobre el pecho, con cada martillazo se balanceaba, y un día decidí darle un lugar más sereno. La colgué en la pared del taller, junto a un cuadro de María, encima de las herramientas. Desde ahí nos miraba trabajar. Solo volvía a ponérmela para las misas solemnes.

Hoy está en el museo, grande y pesada como siempre. Los gurises la miran y tal vez no saben de quién fue. No importa demasiado: fue de alguien que dijo que sí, cruzó el océano y se puso a trabajar, para amar, como el de la Cruz, hasta el extremo.

Compartir nota:
Buscador

Buscá en el Boletín.

Encontrá notas por tema, edición, categoría o palabra clave.

NOTAS RELACIONADAS

HACIENDO FOCO

No con golpes

La mansedumbre en la sociedad de la crispación
Sobremesa

¿Se puede perdonar todo?

Perdonar para ser libre, ser libre para perdonar
En primera persona

Felices ustedes

Las Hijas de María Auxiliadora ante un nuevo Capítulo Provincial
En primera persona

«Vayamos allí donde nos necesiten»

El salesiano español Carlos Berro llegó a Uruguay tras casi 30 años de misión en África