Introducción
¿Cuáles son las tentaciones de los agentes pastorales? Te proponemos una aproximación y lectura pastoral de la Exhortación del Papa Francisco “La Alegría del Evangelio”, para compartir en grupos de agentes pastorales.
Ficha
Objetivo
Detenernos a mirar cómo están nuestros “sentimientos” apostólicos. La alegría, el entusiasmo, el ardor… son indicadores de la profundidad y convicción de nuestro servicio a la evangelización. Por el contrario, la tristeza, la pereza, la ACEDIA, son claros síntomas de que “el corazón no está donde está el gran tesoro”.
Oración inicial
Comenzaremos rezando con una canción y un trozo del Evangelio, que mantendremos a lo largo de los distintos encuentros que tengamos: El Dios de la vida
Mateo 28, 18 – 20: Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo».
Motivación
Cada vez que iniciamos nuestra actividad pastoral, sea del tipo que sea, tenemos, por un lado, un conjunto de motivaciones (que hemos visto en el encuentro anterior) que nos hacen andar y actuar, y por otro, muchas sensaciones y sentimientos que brotan en medio de la tarea.
Desde el cansancio hasta la ansiedad, desde la frustración hasta el regocijo. Algunos de ellos potencian nuestro “deber” de ser sal y luz del mundo, y otros quitan el sabor y la luminosidad del mensaje evangélico que compartimos.
Personalmente:
¿Qué sentimientos y emociones vives en cada momento de tus actividades pastorales?
¿Podrías listarlos según el criterio de “sal y luz” (aquellos que te ayudan a serlo y aquellos que no)?
Cuando se ha logrado hacer un listado con sentimientos y emociones personales, propongamos releerlo y hacer el intento por descubrir las situaciones que me facilitan el vivir con alegría la misión y las situaciones que me hacen agria la tarea.
Personalmente:
¿Qué está causando estos sentimientos?
Aporte a la reflexión
Propondremos, luego, la lectura de los siguientes puntos de la exhortación La alegría del Evangelio, del Papa Francisco.
NO A LA Disgusto de las cosas espirituales, que hace que las cumplamos con negligencia, las abreviemos o las omitamos por razones débiles. La acedia es el principio de la tibieza. GOÍSTA
Una vez leído el texto (en forma personal), compartimos resonancias y se proponen estas preguntas (no es necesario responder una por una, sino que motiven el diálogo)::
En grupos de a tres o cuatro
• ¿Descubro algunas de estas cosas en mi propia experiencia? ¿Cuáles?
• ¿Cómo ayudarnos para que personal y comunitariamente venzamos la tentación de la pereza, la tristeza y la desmotivación pastoral?
Valoración cristiana y Celebración
Lo contrario a la acedia pastoral es la “parresía” o ardor apostólico, es decir, aquel impulso pastoral que nos lleva a entregarnos con gran entusiasmo a la misión evangelizadora, sin excusas, demoras o reproches. Las tentaciones que hemos visto son, justamente, frenos a la “alegría evangelizadora”.
Para ser nosotros “Sal y luz”, debemos volver a saborear y ser iluminados por la experiencia del encuentro con Jesús y su Evangelio. Si no, es imposible regalar aquello que no tenemos.
Quedémonos con esta gran motivación, la anotamos en un papel preparado para ello, y en el momento de la oración lo presentamos al Señor que nos da la fuerza de su Espíritu para ayudarnos a vencer nuestras tentaciones.
Por eso ahora recibiremos esta lucecita (una vela a la que le ataremos un cartón para poder escribir), y este poco de sal (también con un cartoncito donde escribir). En ellos, después de rezar un momento, anotaremos nuestras “zonas pastorales” tristes o perezosas por no tener luz o no tener sabor.
Plenario:
Para finalizar rezando, escuchamos la canción Recibe la fuerza, y proclamamos el evangelio de Mateo 5, 13-16: “ser sal y luz del mundo”.
En tanto, cada participante acerca sus ofrendas (luz y sal) a un pequeño altar preparado con una imagen de Jesús, una vela grande y un plato con sal; quien lo desee puede leer lo escrito o hacer una oración con ello.