Vivimos rodeados de personas. Compartimos aulas, oficinas, familias y grupos de WhatsApp. Nunca fue tan fácil estar en contacto y, al mismo tiempo, tan difícil sentirse realmente acompañado.
En una época que premia la velocidad y la eficiencia, estar verdaderamente con el otro se vuelve un acto cada vez más revolucionario. También, cada vez más necesario. Para Don Bosco esa era una de las tareas esenciales de todo educador.
La tradición salesiana resume esa manera de acompañar en una expresión que, en los últimos años, ha cobrado especial significado: el «sacramento salesiano de la presencia». La imagen remite a una manera de estar tan honda que es capaz de hacer visible, en gestos cotidianos, el amor de Dios hacia los jóvenes.
No se trata simplemente de estar cerca de los jóvenes o de compartir actividades con ellos, sino de hacer visible, a través de una presencia cotidiana, el amor de Dios que Don Bosco quiso transmitirles.
La expresión fue desarrollada por Ángel Fernández Artime –rector mayor entre 2014 y 2024– durante el Capítulo General 28 (CG 28), al retomar una intuición que el papa Francisco había destacado poco antes en su mensaje La opción Valdocco y el carisma de la presencia. Allí describía a los salesianos como «recuerdo vivo de la presencia donde la disponibilidad, escucha, alegría y dedicación son las notas esenciales para despertar procesos”.
El P. Jorge Pérez, que formó parte de la delegación uruguaya en ese Capítulo, comenta que la expresión ‘sacramento’ significa “que la presencia salesiana ‘hace presente’ a Jesús entre los jóvenes. En efecto, los sacramentos simbolizan, pero también realizan la acción de Dios”.
La imagen del «sacramento salesiano de la presencia» remite a una manera de estar tan honda que es capaz de hacer visible, en gestos cotidianos, el amor de Dios hacia los jóvenes.
Para el sacerdote, esto pone de relieve que la presencia de los salesianos entre los jóvenes no es “funcional”, y que “su significado más profundo no es hacer cosas” sino realizar aquello que establecen las constituciones salesianas: “Ser signos y portadores del amor de Dios a los jóvenes”.
HACER LUGAR AL ENCUENTRO
¿Cómo se vive el “sacramento salesiano” de la presencia en una casa salesiana? Para el P. Jorge, se trata de estar presentes de modo efectivo, afectivo y espiritual.
En general, los muchachos “desean y necesitan el encuentro personal, pero también quieren sus espacios de libertad, ser protagonistas, hacer sus elecciones y tomar sus decisiones”, dice el P. Jorge. Para él, no hay contraposición entre ambos aspectos y una presencia salesiana, de acuerdo con el sistema preventivo, debe armonizar todas las dimensiones.
“Puede haber puntos o momentos de conflicto”, agrega. “Pero ser adultos que no abandonan a los jóvenes, sino que siguen junto a ellos buscando caminos cuando aún no es del todo cómodo, es un valor importante en un mundo progresivamente más individualista y violento ante las diferencias”.

El “sacramento salesiano” de la presencia interpela a todos los educadores. En ese sentido, el P. Jorge señala que entre los espacios que más favorecen ese acompañamiento se encuentran el patio y las actividades menos estructuradas, porque “el encuentro entre personas puede darse más naturalmente” y “los jóvenes pueden expresarse más libremente”.
Los muchachos “desean y necesitan el encuentro personal, pero también quieren sus espacios de libertad, ser protagonistas, hacer sus elecciones y tomar sus decisiones”, dice el P. Jorge. Para él, no hay contraposición entre ambos aspectos y una presencia salesiana, de acuerdo con el sistema preventivo, debe armonizar todas las dimensiones.
Pero, más allá de esos espacios compartidos, el salesiano subraya la importancia del encuentro personal. “Cada ser humano es único. Si bien nuestro aprendizaje y desarrollo tienen que ver con la pertenencia, no somos piezas de un puzzle. Ser saludados por el nombre cuando llegamos cada día a una casa salesiana es de las experiencias más recordadas por quienes han pasado por ellas”.
UNA CERCANÍA NUEVA
En 1884, Don Bosco escribió desde Roma su testamento espiritual para la comunidad de Valdocco. En el texto se lee: “Que los jóvenes no sean solamente amados, sino que se den cuenta de que se les ama”. Una frase que quedó como raíz del sentido de la misión salesiana.
Los tiempos cambiaron, pero la pregunta permanece: ¿cómo mantener vivo el mensaje de Don Bosco? En el documento final del CG 28, Fernández Artime señala el “mundo digital” como “un hábitat para los jóvenes de hoy” y donde se debe “estar presentes con una clara identidad salesiana”.
El P. Jorge cuenta que, a nivel personal, las redes sociales le sirven para sostener el contacto iniciado en los encuentros personales, conocer lo que viven los jóvenes y generar nuevas instancias de diálogo. “Solo [las uso] como una herramienta ocasional”, agrega. “Pero implica también mucha prudencia para no invadir la vida del joven que muchas veces se expone demasiado”.

Para explicar qué cambios de mentalidad o de estilo de vida exige hoy esta forma de presencia, el P. Jorge cita al papa León XIV en su encíclica Magnifica humanitas: “La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.
En palabras del sacerdote, allí aparece un cambio “fundamental” en la “mentalidad productiva”: comprender que “el tiempo compartido y las relaciones fiables son medios privilegiados por los que aprendemos a ser humanos”.
CAMBIO DE MENTALIDAD Y ESPÍRITU
La presencia sigue siendo una de las claves de la propuesta salesiana, pero vivirla hoy plantea nuevos desafíos. Para el P. Jorge, una de las dificultades surge de que las brechas generacionales son cada vez más cortas y resulta más difícil conectar con los jóvenes. Otra puede estar vinculada al exceso de trabajo.
“Pero la dificultad más grande está en un cambio de mentalidad y espíritu que nos saque de la lógica de que lo realmente importante es hacer, es producir. Que nos saque de esa tendencia muy humana de creer que los cargos definen quién soy y que, entonces, a veces no sé ‘para qué estar’ si no tengo directamente qué hacer con esos jóvenes. O pensar que no vale la pena estar si no obtengo, más o menos rápidamente, las respuestas que espero”.
Quizás allí esté el desafío más profundo: volver a descubrir que, en una sociedad fragmentada, marcada por la rapidez y la conexión permanente, uno de los gestos más valiosos puede seguir siendo simplemente estar en cuerpo y alma.