Sobremesa

Siempre hay primavera

Ninguno de nuestros inviernos son para siempre

El primer día de primavera casi nunca coincide con el calendario.

A veces empieza mucho antes, en una mañana en la que el abrigo sobra un poco, en una ventana que puede quedar abierta más tiempo o en un árbol que, después de meses sin hojas, deja aparecer un brote tan pequeño que casi pasa desapercibido. Todavía hace frío. Todavía quedan ramas desnudas. El invierno no terminó y, sin embargo, algo empezó a cambiar.

“Primavera abierta”, de Papina de Palma, tiene algo de ese instante en el que una estación todavía no se fue del todo y la siguiente ya empieza a hacerse lugar. Quizás por eso la primavera resulta una imagen tan humana, porque también nosotros atravesamos inviernos que no aparecen en ningún pronóstico.

Hay estaciones en las que una pérdida, un vínculo que cambia, una decepción o simplemente el cansancio dejan todo un poco más quieto por dentro y, cuando llevamos mucho tiempo ahí, cuesta imaginar otro paisaje. No porque creamos que será así para siempre, sino porque cuando el invierno se vive desde adentro es difícil recordar cómo se sentía el calor.

Y, sin embargo, el cambio puede empezar antes de que sepamos reconocerlo, porque no suele llegar con grandes anuncios. A veces es apenas un brote, algo que parecía apagado vuelve a despertar un poco de curiosidad. 

Nada de eso borra lo anterior, porque el primer brote tampoco hace desaparecer las ramas vacías. Durante un tiempo conviven y quizás, por eso, la primavera se parece todavía un poco más a nosotros. Podemos seguir extrañando y volver a reír. Sentir miedo y empezar a confiar. Llevar una herida y descubrir que alrededor de ella empiezan a crecer otras cosas. Lo nuevo no necesita que todo esté resuelto para comenzar a hacerse lugar. 

Por eso resulta tan difícil saber cuándo cambia una estación por dentro, porque no hay una fecha precisa. A veces solo llega un día en el que aquello que ocupaba todo el paisaje ya no lo ocupa por completo. Sigue estando, pero dejó espacio para algo más.

La primavera no devuelve el árbol que existía antes del invierno. Hace brotar las ramas del árbol que atravesó el frío. Y quizás con nosotros suceda algo parecido. Hay experiencias de las cuales luego no volvemos a ser exactamente los mismos. Lo que vuelve a crecer lo hace desde esa historia, con todo lo vivido formando parte de lo que somos ahora.

Las calles ya están empezando a mostrarlo. Algunos árboles florecerán enseguida. Otros necesitarán más tiempo. Durante varias semanas convivirán ramas desnudas, brotes recién nacidos y árboles llenos de flores. Nunca todo florece al mismo tiempo.

La primavera empieza casi en silencio mientras todavía quedan rastros de la estación anterior. Hasta que un día salimos a la calle y sentimos que el aire cambió.

Clave para pensar en grupo o trabajar interiormente:

¿Dónde está empezando tu primavera?

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