Decálogo del acompañante salesiano

1. Acompaña

a los jóvenes en este tiempo favorable para el discernimiento vocacional experimentando, al mismo tiempo, la belleza de dejárse acompañar.

2. Ayuda

al joven, con paciencia y amabilidad, a descubrir – escuchando la voz de Dios – que es un don y puede realizar el gran proyecto que lo espera.

3. Favorece

un clima espiritual con la presencia y el testimonio humilde y gozoso.

4. Ofrece

a cada uno la oportunidad de ser acompañado, dando el primer paso desde la escucha empática y valorizando la individualidad sin excluir a nadie.

5. Propone

una espiritualidad unificada, viviendo una presencia auténtica desde el ejemplo de Jesús.

6. Testimónia

la alegría, amando y haciendo sentir el amor de Dios.

7. Experimenta

la lógica del “ven y verás” con el testimonio silencioso y coherente, que manifieste la presencia del Resucitado e invite a emprender un camino.

8. Vive

la dimensión comunitaria creando una “casa que acoge” mediante la mirada, el ser, la apertura al mundo y la plenitud de vida.

9. Dedica

tiempo al encuentro personal, cuidando la escucha con el corazón de Cristo Buen Pastor.

10. Mira

con confianza y esperanza la vida, fiándose del Señor, caminando junto a los jóvenes y despertando en ellos el deseo de encontrarlo.

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