En primera persona

«Dios nos dio la vida para los demás»

La vida del P. Jorge Martínez Lena, sacerdote salesiano y músico
Elisa Juambeltz
Redacción BS

Jorge Martínez Lena tenía ocho años cuando aprendió a ayudar en misa. Por ese entonces, las celebraciones eran en latín. Durante los veranos de su niñez, ayudaba al P. Eduardo Dufrechou en su colegio, el Maturana. A veces, hasta en tres misas seguidas. Al terminar los salesianos lo invitaban a desayunar.

Esas escenas sirven para entender una historia que, más de siete décadas después, sigue teniendo a Maturana como uno de sus escenarios principales. Jorge vivía a tres cuadras. Iba a clase, volvía a su casa a almorzar y regresaba por la tarde. Participaba del coro, de los exploradores y de los campamentos. “El colegio era una extensión de mi casa”, recuerda. 

Fue en una confesión que el P. Nazario Mondelli le hizo una pregunta que cambiaría el rumbo de su vida: “¿Alguna vez pensaste en ser salesiano?”. Él contestó que le encantaría. 

Al año siguiente, mientras cursaba quinto de escuela, ingresó a la casa de formación del Manga. Jorge tenía apenas diez años.

UNA HISTORIA DE GRATITUD

El 8 de diciembre de 1972 fue ordenado sacerdote en el mismo lugar donde aprendió a ayudar en misa siendo niño.

Desde entonces, recorrió distintas obras y responsabilidades de la congregación. Trabajó con aspirantes, fue catequista en Maturana, director del Colegio Nuestra Señora del Carmen de Salto, acompañó a posnovicios y teólogos y pasó por comunidades de Las Piedras, Villa Colón, Juan XXIII y Mercedes. Un problema de salud marcó una pausa y más adelante asumió durante siete años la dirección del Boletín Salesiano, cuando llegaba a los hogares exclusivamente en papel.

Ante la pregunta de qué salesianos marcaron su camino, asegura que no puede nombrar a todos y no quiere reducir la historia a pocos nombres. “Estoy muy agradecido a quienes se cruzaron en mi camino. Cada uno me aportó algo”. Y cita una frase de Don Bosco que hizo propia: “La gratitud es la virtud que más adorna el corazón de un joven”. Con una sonrisa pícara agrega que esto “aplica a cualquier corazón”.

Para el P. Jorge, Don Bosco sigue siendo “un modelo luminoso, inalcanzable”, pero capaz de señalar “una dirección”. Admira su entrega a los niños y jóvenes, su capacidad de pensar proyectos que parecían imposibles y de llevarlos a cabo, además de su impulso misionero y, sobre todo, “su corazón grande, entregado a Dios, y su amor inmenso a María Auxiliadora”.

“SOY MÚSICO PORQUE SOY SACERDOTE”

La música acompañó su historia desde el principio. Primero fue el coro de Maturana, con el P. Gorostidi; después con el P. Bazterrica; y, ya en Manga, el Coro Santa Cecilia, que cantaba a cuatro voces y participaba en celebraciones de distintas parroquias e iglesias de Montevideo.

El P. Jorge no es solamente intérprete, sino además, compositor de grandes hits musicales que han atravesado generaciones: El candombe del oratorio o Himno Eucarístico son algunas de las más conocidas. Pero si se le pregunta qué significa para él ser músico, la respuesta vuelve directamente a su vocación. “Soy músico porque soy sacerdote”, afirma. Para él, el sacerdocio supone mediar entre Dios y las personas y la música es una forma privilegiada de alabanza.

Hace un tiempo lo llamaron desde República Dominicana para pedirle autorización para transformar El candombe del oratorio en un merengue dominicano. Su respuesta fue inmediata: por supuesto. Más tarde pudo ver a niños cantando y bailando aquella nueva versión. “Fue hermoso”, cuenta y dice que no siente la necesidad de reivindicar su autoría. Prefiere, entonces, recordar unos versos que hablan de la suerte de las canciones que el pueblo termina haciendo suyas: llega un momento en que ya nadie sabe quién las escribió. “Yo me siento feliz cuando alguien canta una canción que yo escribí”, asegura.

Pero hay otra dimensión que también ha marcado profundamente la vida de este sacerdote salesiano: la celebración de los sacramentos, en especial la Eucaristía y la Reconciliación. Según Jorge, la misa representa “la cumbre del deseo de cualquier educador salesiano y cristiano” y esto lo representa con una imagen de Don Bosco que tiene a pocos metros, a un costado, en la iglesia de Maturana.

Allí se ve a un Don Bosco sonriente mientras da la comunión. “Para él, llevar a un joven a la comunión con Jesús era tarea cumplida” y a lo largo de su vida descubre como un regalo haber sido testigo del encuentro de tantas personas con el Padre Dios. Lo mismo ocurre con la Reconciliación. Cuenta que pasa horas en el confesionario y que la mayor parte de ese rato transcurren entre el silencio, la lectura y la espera. “Con uno que venga, alcanza”, resume.

La misa representa «la cumbre del deseo de cualquier educador salesiano y cristiano»

“TODO LO QUE HAGAMOS PARA LOS DEMÁS NOS VA A HACER FELICES”

A sus 82 años, después de haber pasado prácticamente toda su vida dentro de la Familia Salesiana, el P. Jorge no necesita demasiado tiempo para responder qué significa para él ser salesiano: “Es responder a un llamado de Dios para entregar mi vida a los niños, adolescentes y jóvenes prioritariamente. Todo en mi vida estuvo dirigido a eso”. 

Reconoce que la edad y sus propios límites tal vez no le permiten tener la misma presencia que tuvo durante décadas, pero no siente que esa misión haya terminado. Y eso se nota en su mirada, en la forma en la que se comunica con los jóvenes que se le cruzan y en sus chistes, que aparecen varias veces durante la charla que mantiene con el BS.

“Sigo sintiendo esa alegría en mi corazón de poder estar cerca de los jóvenes y ayudarlos con una palabra”, dice. Quizás por eso, cuando se le pregunta qué les diría hoy, su respuesta es una expresión con enorme profundidad: “Que se puede ser felices, que el único camino es hacer algo por los demás”. “Dios nos dio la vida para los demás”, asegura. Y lo explica con la sencillez de quien ha tenido muchos años para ponerlo a prueba. 

“Todo lo que hagamos para los demás nos va a hacer felices, porque está en nuestra naturaleza amar. Estamos hechos a imagen de Dios y Dios es amor. En la medida en que logremos concretar esa imagen, vamos a ser felices amando”, confirma.

Compartir nota:
Buscador

Buscá en el Boletín.

Encontrá notas por tema, edición, categoría o palabra clave.

NOTAS RELACIONADAS

Festejar

Juegos, tortas fritas, inflables, chocolate y regalos fueron la excusa para que explotara una tarde de alegría y encuentro en la Parroquia San Lorenzo. Con motivo de la fiesta patronal, los oratorios Campito Alegre de Capra, La Esperanza de Manga y Centro Puertas Abiertas de la sede parroquial compartieron una verdadera fiesta oratoriana.
Sobremesa

Siempre hay primavera

Ninguno de nuestros inviernos son para siempre
Sobremesa

¿Cómo Dios es omnipotente?

El dilema del mal, las cosas que nos pasan y la omnipotencia de Dios
En primera persona

De la comunidad a la misión

Los rasgos de Madre Mazzarello que marcaron a las primeras FMA