Uruguay Salesiano

Donde siempre hay un lugar

La Cruzada de la Caridad es atendida por las Hijas de María Auxiliadora y acompaña a niños, jóvenes y familias en Paysandú
Fabián Caffa
Redacción BS

La Hna. Rosina Thevenet hace palmas e invita a todos los niños a formar una ronda. Ellos dejan de jugar a la pelota bajo un sol invernal y se sientan en círculo. 

—A la una, a las dos… ¡Buenas tardes!

—¡Buenas tardes! —responden todos a los gritos.

Después lo hacen llorando. Después, riéndose. Después, en voz baja.

—Hoy tenemos tantas cosas —dice la Hna. Rosina—. Seguimos aprovechando el solcito.

Así comienza la tarde en la Cruzada de la Caridad, en el barrio Purificación 3, al noroeste de Paysandú.

UN LUGAR DE REFERENCIA

Tras más de 25 años como religiosa salesiana, en 2023, la Hna. Rosina asumió un nuevo servicio como coordinadora de la Cruzada de la Caridad. Cuando se le pregunta cómo se siente cada día que llega a la obra, responde sin rodeos: “Feliz”. “Esta es una casa para mucha gente del barrio”, agrega.

La historia de la Cruzada de la Caridad comenzó antes de que se levantaran las paredes de la casa. Allí solo había un descampado. Primero llegaron las hermanas desde el Colegio María Auxiliadora, con alumnas y exalumnas.

“Se empezó a trabajar mucho en el barrio”, relata la Hna. Rosina. “El trabajo se hacía a nivel social y de evangelización porque siempre fueron [tareas] juntas”. Las religiosas daban la merienda y trabajaban con las madres en talleres de costura. En paralelo comenzó a funcionar el oratorio.

La misión de las Hijas de María Auxiliadora era ayudar a los habitantes de la zona, que habían comenzado a poblar el lugar y trabajaban, en su mayoría, en el sector industrial. Al principio, el espacio físico con el que contaban era una policlínica y luego, la Casita de la Playa, hasta que la familia Cora Rodríguez donó el terreno. Para construir el lugar se recibieron varias donaciones, incluso algunas joyas. Todo servía para un ladrillo. Han pasado 65 años desde entonces.

DEJAR HUELLA

A María Laura Villamil todos la conocen como Malala. Tiene 42 años y es educadora referente de la Cruzada desde 2014, pero su vínculo con la obra comenzó mucho antes.

“Toda una vida con las hermanas”, dice. Hizo la primaria en el Colegio María Auxiliadora —que cerró sus puertas en el año 2000— y luego, como tuvo que cursar el liceo en otro lado, se integró a los grupos asociativos de adolescentes. Más tarde, la llamaron para ser animadora del grupo de jóvenes de la Cruzada y después le preguntaron si podía estar en el club de niños.

Hace un cálculo mental y saca la cuenta: lleva 26 años en la obra.

Hoy 55 chicos son parte del club de niños de la Cruzada de la Caridad, a través del convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), que se firmó hace casi tres décadas. “Lo que se busca siempre es cubrir y acompañar a las familias que son más vulneradas. Y estamos abiertos a eso”, dice María Laura. 

EDUCAR CON EL CORAZÓN

Los grupos se dividen por edades y procesos. O, mejor dicho, más por procesos que por edades, explica María Laura, ya que puede haber niños con edad para pasar de nivel mediano a grande, pero su preparación puede que no lo acompañe para este salto. La Hna. Rosina agrega: “Es parte de lo que promovemos: que el niño se sienta cuidado. Si necesita más tiempo porque tiene un ritmo diferente, se lo respeta y lo protegemos”. 

Cada tarde los niños participan de dos talleres de 45 minutos cada uno. El abanico de propuestas es amplio: informática, educación física, música, apoyo pedagógico, danza, yoga y convivencia. Sobre este último, la Hna. Rosina dice: “Veíamos que la situación de la agresividad estaba bastante complicada. Es trabajar ciertos valores para que ellos sepan que queremos trabajar el buen trato y el relacionamiento”.

Los sábados son los días de “evangelización explícita”. De mañana, con la catequesis, asiste una veintena de chicos para prepararse para la primera comunión. Y, por la tarde, los jóvenes de 13 años en adelante superan los 60. 

DE LA MANO DE LA AUXILIADORA

“Cada vez que nos preguntan qué es lo que hace diferente a la Cruzada de otro lugar, [la respuesta] es la presencia de las hermanas. Si ellas no estuvieran, no sería lo mismo”, dice María Laura. 

Además de la Hna. Rosina, las salesianas Teresita Boniatti, María Amalia Giordano y Adriana Silva colaboran en la obra. Cada una ocupa un lugar de acuerdo con sus posibilidades. Teresita, la mayor, pasa las tardes en la cocina y también se encarga de sacar punta a los lápices en el grupo de los más chicos, porque ellos todavía no pueden hacerlo. Lava las camisetas, los manteles y los repasadores. María Amalia está como educadora y Adriana, cuando puede, acompaña en medio de sus otras responsabilidades.

“Cada vez que nos preguntan qué es lo que hace diferente a la Cruzada de otro lugar, la respuesta es la presencia de las hermanas. Si ellas no estuvieran, no sería lo mismo”

Para la Hna. Rosina, la presencia de las hermanas es fundamental para “seguir creciendo en el carisma” y “ser faro para la zona”. “Esta es una casa para mucha gente del barrio. Hay muchos que se han ido hace un montón y siguen volviendo porque es un lugar de referencia. Sigo pensando que ese es el camino”, reflexiona.

En una sala se ve una imagen de María Auxiliadora de tamaño mediano. “Soy muy mariana”, dice la Hna. Rosina. “Esta es una Virgen peregrina que recorre las casas, con un cuaderno y una vela. Nadie está obligado a llevarla. Se hace un sorteo y una familia se la lleva a su hogar”. Es una de las tantas imágenes de María Auxiliadora que hay en la Cruzada de la Caridad. Está en la entrada, en las paredes y también en la historia de quienes pasan por esta casa.

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