HACIENDO FOCO

Asumir el no sé

El horror de la violencia y el narcotráfico exige algo más que respuestas fáciles

Llegamos tarde, lo normalizamos o lo invisibilizamos. Si no lo vemos no existe, hasta que ocurre algo que nos muestra que sí. Hablo de la masacre donde cinco personas fueron asesinadas hace unas semanas atrás en un barrio de Montevideo y de su consecuencia: el asesinato de un niño de 12 años hace pocos días.

Esta situación atroz no ocurre de la noche a la mañana, sino que se va gestando hasta que explota. Es un secreto a voces: ajustes de cuentas. Niños y adolescentes usados para trasladar drogas. Normas y leyes que imponen narcos y dejan de rehenes a barrios enteros. Luchas de territorio entre bandas. Tiroteos con armamento pesado a plena luz del día. 

En medio de eso, hay muchas instituciones y personas concretas que trabajan día a día contra este monstruo que parece imparable. Una vez, hablando con una persona que trabaja en un barrio copado por los narcos, me dijo algo que hasta ahora recuerdo: “Nosotros sabemos que estamos acá hasta que los narcos quieran. Cuando les empecemos a molestar, nos vamos a tener que ir”.

Esto sucede a pocos kilómetros de tu casa. No es cosa de películas.

¿Qué se puede hacer? ¿Cómo se hace? No lo sé, la verdad es que no lo sé. Y no es una falsa humildad; de verdad, no lo sé. El entramado es complejísimo, las causas son demasiadas y de los efectos apenas vemos algunos. 

¿Qué es lo que tenemos que hacer? Lo repito: no lo sé. Pero creo que aceptar que no sabemos es un buen comienzo.

No saber nos da la oportunidad de ponernos en posición de escuchar a otros, a ver si juntos podemos aprender y hacer algo. No saber es respetarnos y aceptar nuestro límite.

No saber nos pone también en estado de emergencia y en acción. Porque queremos saber, porque pondremos todos los medios para ir solucionando y descubriendo qué está pasando. No saber es hacer silencio y dejarse afectar por lo que pasó, frustrarse, preguntarse y entristecerse.

Muchos dan soluciones y recetas preparadas. Los que dicen que saben no ven ni se dejan afectar por el sufrimiento, sino que solo reaccionan, hablan y no hacen silencio.

No saber nos da la oportunidad de ponernos en posición de escuchar a otros, a ver si juntos podemos aprender y hacer algo. No saber es respetarnos y aceptar nuestro límite.

Mataron a una familia entera. Eso es lo que sucedió. Debemos dejarnos afectar por esta terrible desgracia. Aceptar que no sabemos y empezar a construir juntos. Porque vidas concretas se están perdiendo, porque los violentos parece que sí saben hacer silencio y silenciar, para seguir, desde lo escondido, haciendo el mal.

Porque el mal es así: no es burdo todo el tiempo, sino que se escabulle. Porque los que hacen el mal no le temen a las palabras, ni a la fuerza, ni a los discursos. Los que hacen el mal le temen a las personas que pueden hacer silencio, a los que se dejan afectar, y, desde allí, encienden el compromiso ya que aprendieron que “el mal se vence a fuerza de bien”.

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