HACIENDO FOCO

Activar la compasión

Una reja en Montevideo dejó al descubierto algo más que un conflicto vecinal

“¿Qué ocurre que nos desconecta de nuestra naturaleza solidaria y nos lleva a comportarnos de manera violenta y abusiva? (…) ¿Qué nos permite, por ejemplo, mantenernos vinculados a nuestra naturaleza compasiva aun en las peores circunstancias?”, dice Marshal Rossemberg en su libro Comunicación no violenta. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos pasa que nos olvidamos de detenernos y mirarnos?

Hace unos días se viralizó la foto de una reja que pusieron en un barrio de Montevideo y que no busca proteger nada ni embellecer un lugar, sino simplemente evitar que alguien esté ahí.

Las personas en situación de calle, los sintecho, como se les llamó durante mucho tiempo, son una realidad tan compleja, contradictoria y paradójica que hasta nos cuesta encontrar el modo de nombrarlas. Pero hay algo en lo que todos coincidimos: esta realidad se ha profundizado y agravado en los últimos años.

A partir de la noticia, que los medios definieron como otra polémica de “arquitectura hostil”, aparecieron comentarios de todo tipo. Debo decir que muchas veces, para cuidar mi salud, evito leer lo que la gente escribe sobre las noticias porque ahí se ve de todo. Y algunas veces, lo confieso, me da miedo, porque encuentro personas que dicen barbaridades con toda tranquilidad.

Ahí veo, también, que existe una fascinación por reducir la realidad para escapar de lo complejo, para convertir todo en una película de acción de buenos contra malos. Y, casualmente, quienes comentan siempre parecen estar del lado de los buenos: los “ciudadanos de bien”, una expresión que se ha puesto de moda para edulcorar discursos de odio y seguir agrandando las brechas.

Sostener la complejidad nos incomoda. Entonces aparecen ideas como “los vecinos se defienden porque nadie hace nada”, o personas quienes, desde una academia totalmente ideologizada y muchas veces desconectada de la realidad, sostienen que “tienen derecho a vivir en la calle”.

Sin embargo, tanto el vecino que puso la reja como la persona que vive en la calle tienen razones, historias, heridas, derechos y responsabilidades.

Compliquémonos, entonces, un poco más y hagámonos algunas preguntas. ¿Qué le pasó a quien sintió que necesitaba poner una reja? ¿Qué le pasó a quien hoy duerme en la calle? ¿Qué me pasó a mí? ¿Qué nos pasó como sociedad? Porque siempre esperamos que sea otro el que haga algo. 

Quisiera hacerte una invitación sencilla y difícil al mismo tiempo: volver a mirarnos a la cara y reconocernos personas. Activar, en nosotros, la compasión. Recuperar algo de humanidad. Dejar de ubicarnos automáticamente del lado de los “buenos” para empezar a ponernos del lado de lo humano: eso que siempre es complejo, contradictorio y paradójico.

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