¿Cómo Dios es omnipotente?

El dilema del mal, las cosas que nos pasan y la omnipotencia de Dios

En el Credo que decimos cada domingo nombramos un atributo del Dios Padre: “todopoderoso”. ¿Qué quiere decir la Iglesia al profesar que Dios es así? ¿Qué significa este atributo de Dios? Pensar a Dios como un ser que “hace lo que quiere” puede ser muy riesgoso en tanto parece que juega a los dados, interviene cuando se le canta y evita el mal si tiene ganas. Si así fuera Dios, yo me bajo: ¿vos no?

Así que no, la omnipotencia de Dios no consiste en hacer cualquier cosa simplemente porque puede hacerlo. El catecismo de la Iglesia Católica (n.268) dice que la omnipotencia de Dios tiene tres características: es universal, amorosa y misteriosa. Son tres claves que nos ayudan a la comprensión siempre inacabada de este atributo de Dios. 

La primera característica implica que la omnipotencia divina es sobre toda la realidad. Nada escapa de la acción de Dios, nada de lo que existe se puede ubicar fuera de Él. La omnipotencia, lejos de darnos miedo, nos transmite paz. El Salmo 138 lo expresa muy bien cuando dice: “¿A dónde iré lejos de tu espíritu, a dónde podré huir de tu presencia? Si subo al cielo allí estás tú, si me acuesto en el infierno, allí estás”. Dios está en todos lados (omnipresencia) y actúa sobre todo, no importa por qué caminos andemos. Que la omnipotencia de Dios y en todo lugar sea universal es lo que nos da la posibilidad de volver siempre a Él.

La segunda característica dice que su omnipotencia es amorosa, insisto, no caprichosa de hacer lo que se le canta. Porque el poder de Dios no es autoritarismo ni despotismo, sino que se manifiesta en sostener, salvar y perdonar. Su omnipotencia es capaz de perdonar siempre, cuidar siempre y levantar siempre. Como decía Santo Tomás de Aquino: “tener misericordia es propio de Dios y en esto se dice que se manifiesta especialmente su omnipotencia”.

La última característica es la de la omnipotencia misteriosa. Y acá aparece la clásica pregunta que en todos los tiempos nos hacemos: “si Dios lo puede todo, ¿por qué existe el mal?”. Esta pregunta tan genuina, que en toda la historia de la humanidad se ha hecho, no encuentra una respuesta desde la omnipotencia de Dios, sino una clave para seguir pensándola. 

El misterio no es lo que está oculto o escondido, sino aquello que se nos va revelando y, al mismo tiempo, ocultando. En idioma salesiano, ¿te acordás de lo que le dijo María a Juanito cuando no entendía qué era lo que le pedían en el sueño de los nueve años?: “A su tiempo todo lo comprenderás”. 

Eso es: actuar, claro que sí, confiando en que Dios está. Pensar, preguntar y estudiar todo lo necesario, sabiendo que no vamos a poder entender todo, que hay un margen para la confianza en Dios que es necesario y clave para caminar sin caer en la desesperanza, ni en el miedo, cuando el mal hace ruido. ¡Y vaya si lo hace! 

¿Querés saber qué significa que Dios lo puede todo? No hablemos tanto, contemplá la Cruz. Un signo de muerte, tortura y sinsentido, que Dios, por su omnipotencia amorosa, universal y misteriosa, lo transformó en el signo del amor más gra

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