De una capilla de Santa Rosa, a tener como santo protector a San José, hasta la parroquia y santuario abocado a María Auxiliadora. El terreno que fue donado a los salesianos que llegaron en 1876 a Montevideo siguió la misión que el primer arzobispo de Montevideo, Mariano Soler, les encomendó: el cuidado del santuario y la propagación de la devoción a María Auxiliadora.
Pero aquel templo fue construido unos años antes de la llegada de los misioneros de Don Bosco al Uruguay en 1876. En ese entonces era una capilla dedicada a Santa Rosa por decisión de Francisco Fynn, un hombre que vivía en la zona y que quiso que el templo fuese un homenaje a su esposa Rosa.
El santuario como tal fue inaugurado en 1904, luego de que Soler creara una serie de templos votivos, la mayoría de ellos con denominación mariana, y les encargara la devoción a las Hijas de María Auxiliadora y los Salesianos de Don Bosco. Sin haber terminado las reformas que se tenían proyectadas, su inauguración se dio en un fin de semana lluvioso que reunió a un buen número de fieles. Soler presidió aquella celebración y esa misma jornada se desarrolló la primera procesión con la imagen de la Auxiliadora en tierras uruguayas.
En 1920, el templo fue declarado también parroquia, y como tenía como santo protector a San José, fue al mismo tiempo Parroquia San José y Santuario de María Auxiliadora. Cuando el P. María Bosco sdb asumió la dirección del Colegio Pío, realizó las gestiones ante el arzobispado para que pasara a llamarse Parroquia y Santuario María Auxiliadora, como se la conoce hasta nuestros días.
Años más tarde, en otros puntos de Montevideo y el interior, los salesianos dedicaron otros templos a la virgen de Don Bosco, algunos significativamente más grandes que el de Villa Colón, pero siempre quisieron conservar el título de “santuario” en aquel lugar donde los primeros misioneros dieron sus primeros pasos.
Es que desde la llegada de los salesianos al Uruguay comenzó a gestarse aquella semilla de María en Villa Colón. Semilla que años después sigue siendo un espacio de referencia, reunión y fiesta para la familia salesiana. Semilla que lleva a varios vecinos a afirmar que “María siempre ha estado presente en el barrio” y a muchas familias a reconocer en el santuario un lugar presente y significativo en sus vidas.
Un hilo de vida
La historia de Virginia, Norma y el P. Claudio Muniz sdb se han ido tejiendo con idas y venidas que han terminado siempre vinculadas a María y a aquel pequeño templo ubicado sobre la avenida Lezica.
Virginia llegó a la parroquia en dos instancias. Primero a sus 18 años cuando participaba en la misa de jóvenes con el Instituto Doctor Andrés Pastorino. Y unos 15 años después, también, cuando se casó, se mudó a la zona y volvió a celebrar la eucaristía en la tarde de los domingos. Poco a poco la fueron invitando a “dar una mano” en la liturgia y más tarde se integró al consejo parroquial. El templo tiene hoy en día una diversidad de propuestas: desde ministros de la eucaristía que van a distintos hogares de adultos mayores “para compartir la fe y la vida”, hasta catequesis de primera comunión y de jóvenes y reuniones de la Asociación de María Auxiliadora (ADMA) y de las Damas Salesianas (ADS) –un grupo de mujeres que se dedica a trabajar a nivel social, en un CAIF y una policlínica gratuita–.
Virginia considera que la parroquia tiene “presencia en el barrio” y que “tiene claro el rol del servicio”. “Hay personas muy comprometidas que realmente han llevado esto como un apostolado y eso es muy lindo”, agrega. En tantos encuentros que se llevan adelante y en los rostros de los niños con los que trabaja, Virginia percibe la presencia de María. “Sabemos que es la que nos acoge bajo su manto, la que está, la que nos acompaña, la que nos muestra, y es esa figura maternal, de cuidado, que a veces no es tanto lo que dice, sino lo que hace. Es una presencia viva”.
El P. Claudio Muniz sdb, administrador parroquial de Villa Colón, también tiene su historia de vida hilvanada con la presencia de la Auxiliadora en el barrio. “Desde niño fui educado acá. Aquí me bauticé, tuve la primera comunión, la confirmación y recibí el sacerdocio”. También fue dos veces director del Colegio Pío que se encuentra en el mismo terreno. “El hilo de mi vida es María Auxiliadora, es fundamental”, explica.
Norma, en tanto, es una de las fieles habituales de la celebración dominical y es secretaria del consejo parroquial. Se vinculó con la vida de la parroquia a los 14 años cuando fue a vivir a un hogar de hermanas de la zona y empezó a participar de la misa de los domingos. Luego fue invitada a ser parte del Movimiento Adolescente Salesiano donde fue animadora. Estuvo un tiempo desvinculada, pero a los 25 años se casó con su esposo en el santuario y, desde ese momento, ya no se ha ido más.
“Siempre he estado encomendada en las manos de la Virgen”, cuenta al BS. “Por ejemplo, cuando nacieron mis hijas, que son como el tesoro más grande, se las presenté a la Auxiliadora. Siempre estoy en las manos de ella y en las situaciones de nuestra vida, le pido que nos guíe y nos auxilie”.
Llama viva
El P. Claudio sdb hace hincapié en que los 150 años de la llegada de los salesianos a Uruguay es una de las líneas que se vienen trabajando la parroquia. La invitación, ni más ni menos, es seguir la herencia de los primeros misioneros: “quienes tenemos que continuar el sueño somos nosotros, no hay otro”, sostiene. No obstante, el sacerdote salesiano es consciente de que quienes allí transitan son apenas instrumento y que “María Auxiliadora es la que tiene que evangelizar el barrio”.

En ese sentido, la presencia de ADMA cada 24 en el santuario para rezar, celebrar y comprometerse con la devoción mariana, es una muestra del compromiso para que sea la Auxiliadora quien guíe la misión. Norma ve la cercanía de la mamá de Jesús en la comunidad parroquial “que siempre está ahí”. “Es como decirte que son muchas madres, muchas abuelas que están al servicio cuando alguien las necesita”, explica.
“Yo me crié en los pasillos del santuario y para mí es un lugar muy importante que me gusta cuidar y ayudar a que se mantenga vivo. Nosotros, en el grupo (de quienes participan en la misa de la tarde) somos pocos, pero tratamos de que esto viva y crezca”, cuenta Norma.